Puedo decir que la escritura es un trabajo contante entre crear, acertar y corregir. Lo mejor que me sucedió es que me animé a esta aventura de crecer y conocer paso a paso el camino que lleva hacer una historia. Sobre todo aprendí de mi primera novela, que es mi primer desacierto y mi mayor fortaleza. Creí en mí más que en el proceso y aún no tenía madurez para ver con ojos profesionales lo que había escrito. Aunque sí estaba seguro de que contar historias es lo mejor que me puede pasar. Y voy día tras día buscando ese final para cada historia que se atraviesa y una historia para cada final. Un título para un texto que aparece de improvisto y un texto para cada título. 

Alizée, mi primera obra presentada, fue el inicio de este majestuoso camino de escribir y redactar, pues redacto para mí y para otros aquello que el universo tiene guardado para contar. A veces me encuentra listo para poner líneas e ideas y otras simplemente abre mi imaginación. 

Hoy me siento más seguro y preparado a la hora de encontrarme con un libro. Miro el detalle no para derribar, sino para ayudar a crear y crecer, porque acompañar el proceso de creación es crecer en conjunto y mirar el maravilloso mundo que hay dentro de cada escritor.